domingo, 28 de diciembre de 2014

Tabaquismo, una epidemia de muerte lenta.


Enciende un cigarrillo y le da una pitada. La nicotina llega al cerebro en sólo seis segundos, dos veces más rápido que una droga endovenosa. Sus efectos no se hacen esperar: sobreviene una descarga de adrenalina (que aumenta la presión sanguínea, se aceleran la respiración y el ritmo cardíaco), se produce una leve hiperglucemia y fluye la dopamina, un neuroquímico asociado con sensaciones de placer y motivación.

El pesticida más vendido del mundo (sí, en la planta de tabaco la nicotina ahuyenta los insectos) es poderosísimo. Una vez capturadas, sus víctimas difícilmente puedan liberarse. La experiencia internacional indica que nueve de cada diez personas que prueban el cigarrillo se convierten en adictos.

Dados los estragos que produce el tabaquismo, vinculado con más de cincuenta enfermedades y culpable del 18% del total de las muertes, las evidencias que explican por qué es tan difícil dejar de fumar vienen sumándose con un peso aplastante.

Ni las crisis económicas fueron capaces de hacerle mella: la venta de cigarrillos continúa en aumento, a pesar de que cobra 40.000 muertes anuales, un balance letal que podría duplicarse en las próximas dos décadas. En el mundo, esa cifra ronda las cinco millones de muertes anuales.
Las razones de la dependencia que provoca el tabaco son variadas y complejas, pero no hay duda de que comienzan en el entramado biológico que prepara el terreno para la dependencia: la tolerancia a la nicotina comienza a desarrollarse con la primera dosis. Hoy se sabe que se trata de una sustancia psicoestimulante tan adictiva como la heroína, la cocaína o las anfetaminas.

El cigarrillo no es sólo tabaco envuelto en papel. Los primeros nunca son placenteros, pero tienen sustancias químicas (la mayoría de ellas cancerigénas) que disminuyen el efecto tóxico inicial, y vasodilatadores que aceleran el pasaje desde los pulmones al cerebro.



Está demostrado que la mayoría deja el cigarrillo por su cuenta, de un día para otro. Sin embargo, cuando uno hace un tratamiento con asesoramiento médico y ayuda farmacológica, tiene el doble de chances de tener éxito. Lo más importante es no desanimarse frente a las recaídas: el tabaquismo es una enfermedad crónica, y está comprobado que cuantas más recaídas uno haya dejado atrás más cerca está del abandono definitivo.

Las técnicas cuya utilidad fue demostrada son las cognitivo-conductuales, una estrategia educacional complementada con fármacos sustitutos de nicotina -en parches, en chicles, nasal, bucal o sublingual, y antidepresivos que tienen un efecto en el cerebro muy similar al de la nicotina.

Quien se apreste a dejar de fumar debe saber que el período de abstinencia dura un mes en el que estará irritable, ansioso, insomne o somnoliento, y sentirá deseos imperiosos de fumar. Lo importante es que la nicotina no provoca síndrome grave de abstinencia, como el alcohol, por ejemplo, siempre es manejable. ¿Cuál es su máxima consecuencia? Volver a fumar.

El proceso que sigue al abandono describe una curva cuyo punto culminante se produce a los siete días.
El síntoma número uno de abstinencia es el deseo imperioso de fumar que pasa en dos o tres minutos. Si se consigue implementar una pequeña estrategia para ese momento, automáticamente dominará de nuevo la cancha. Por eso no hay que tener cigarrillos a mano. Al mes, prácticamente no existe dependencia física.

Los beneficios serán inmediatos:
A los 20 minutos, la presión arterial regresa a su nivel normal, lo mismo que la frecuencia cardíaca y la temperatura de pies y manos.
A las 8 horas, la respiración es más profunda y hay una mejor oxigenación pulmonar porque los niveles de monóxido de carbono y oxígeno se normalizan.
A las 24 horas, disminuye el riesgo de muerte súbita.
Pasadas 48 horas, se normalizan los sentidos del gusto y del olfato.
A las 72 horas, se normaliza la función respiratoria.
Después del mes, aumenta la capacidad física y se cansará menos con cualquier actividad.
A los 6 meses, se reducen los catarros y molestias de garganta
Entre 1 y 9 meses, mejora el drenaje bronquial y se reduce el riesgo de infecciones.
Al año, es menor el riesgo de trombosis o embolias cerebrales.
Al año, se reduce a la mitad el riesgo de infarto.
A los 5 años, el riesgo de padecer infarto se iguala al de las personas que nunca fumaron.
A los 5 años, se reduce a la mitad el riesgo de padecer cáncer de pulmón y 5 años más tarde se iguala al de un no fumador.

La prevención del tabaquismo (propiciada por la OMS) esta basada en cuatro ejes fundamentales: la restricción de la publicidad y promoción del tabaco, la implementación de espacios públicos libres de humo, el aumento gradual del precio de los cigarrillos y las campañas de prevención. Todas ellas son fórmulas probadas en varios países para propiciar el descenso del tabaquismo.

Lo más importante siempre será la toma de la firme decisión de abandonar la adicción, si usted solo no puede hacerlo, consulte al médico. Él lo podrá asesorar para la asistencia a grupos de gente en su mismo problema, y le prescribirá medicamentos que le faciliten la tarea de dejar de fumar.
Mientras tanto, hoy puede ser un gran día. Hoy puede tomar la decisión de decirle adiós al tabaco.






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